sábado, 11 de diciembre de 2010

¿INMIGRANTE O EXTRANJERO?


“(…y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino…” (Preàmbulo de la Constituciòn Nacional Argentina)

Desde la etapa de la construcciòn jurìdica del Estado Nacional, uno de los pilares sobre los que se sostuvo fue el fomento de la inmigración. Asì lo determinarìa la ley de 1876, sancionada durante la presidencia de Nicolàs Avellaneda y asì habìan parecido haberlo entendido gobernantes anteriores que instalaron las primeras colonias agrícolas en el litoral inspirados en la frase alberdiana de “gobernar es poblar” o “poblar el desierto”, expulsando a los originarios a cambio de inmigrantes, de preferencia anglosajones, según el proyecto sarmientino.
Claro que con el tiempo, en un paìs con sus fronteras siempre abiertas a la llegada de gente de buena voluntad para instalarse y trabajar, fue variando el concepto según el lugar de origen de estos pobladores. Una cosa parece ser extranjero de origen europeo- como muchos de nuestros abuelos y padres españoles e italianos especialmente- que a fines del siglo XIX, expulsados por la miseria, en camarotes de 4ª clase bajaron de los barcos , para contribuir al progreso material de este paìs, insertàndose en todas las actividades que la ciudad-puerto o el campo les ofrecìan. Y otra cosa es el inmigrante que viene de paìses limítrofes en micros de larga distancia tambièn escapando a la miseria, pero a quien ràpidamente se lo cataloga de indocumentado e ilegal, se lo acusa de venir a quitarle trabajo al nativo y vive en asentamientos precarios caracterizados por variadas gamas de delitos. Esta discriminaciòn originada a mediados del siglo pasado, cuando las medidas sociales del gobierno peronista alentaron a que mucha gente del interior viniera a la gran ciudad con expectativas de crecimiento. Serìa el “aluviòn zoològico” o “cabecita negra”, como los describieron sus apòstatas en las crònicas de la època, expresiones que se acrecentarìan durante los gobiernos de facto.
La disputa por el poder de clase, sobre todo en la ciudad de Bs As, involucra diferentes visiones discriminatorias que empezaron primero con las clases oligàrquicas tradicionales hacia los hijos de inmigrantes que formarìan luego la clase media de trabajadores pùblicos, comerciantes y profesionales, màs adelante la clase media ya asentada vs sectores populares y ahora parece enfrentar a vecinos pobres con vivienda propia contra vecinos pobres excluidos, en los que la diferencia estarìa en ser argentino o inmigrante de un paìs limìtrofe. De ahì que escuchar frases como “bolivianos de m. , vàyanse a su paìs” , “hay que cambiar la Constituciòn” o de boca del jefe de gobierno porteño denunciar una “inmigración descontrolada” que llega diariamente a la ciudad de Bs As y que termina usurpando terrenos para vivienda, causa espanto.
Quienes se ofenden por ser acusados de xenòfobos, tendràn que revisar sus opiniones y acciones para desmentirlo, que en lugar de utilizar a los medios para dar conferencias de prensa o para pedir la intervención de las fuerzas de seguridad nacional para desalojar un predio (que no excluirìa una probable represiòn), deberìa promover un diàlogo abierto entre funcionarios idòneos y vecinos desesperados que piden ser atendidos y escuchados por las autoridades. Quien asì no lo entienda, ademàs de discriminar , està retrotrayèndonos a la desgraciada ley de residencia de 1902 que disponìa que todo extranjero que desarrollara activismo sindical o polìtico podìa ser deportado a su paìs de origen, separàndoselo de su familia, o a las polìticas represivas hacia las villas de emergencia de la ùltima dictadura militar. Por el contrario, la nueva ley de Migraciones (25.871) reconoce a los habitantes del Mercosur el derecho a migrar como un hecho y un derecho humano y ningùn Estado puede detener.
Si Roca, responsable del genocidio indìgena y de esa ley represora –contracara de la de 1876- hoy es denostado por muchos investigadores e historiadores, Macri no la llevarà mejor en el juicio de la historia por las reacciones de repudio que generaron sus recientes declaraciones y la gravedad de los sucesos de las ùltimas horas en el sur de la ciudad.